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Sergio Leone y la fábula

 


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Además de las típicas promesas que se suelen hacer cuando el nuevo año comienza, aquí vuestro humilde servidor se ha propuesto que este 2011 terminará todos los especiales que tiene en marcha —Clint Eastwood, Stanley Kubrick, John McTiernan, y los vampiros—, pero también empezaremos alguno que otro nuevo. El primero de ellos es el de Sergio Leone, especial pedido por muchos de vosotros. Sin embargo, éste será un especial centrado únicamente en las tres últimas películas del director italiano. Obviaremos ‘El coloso de Rodas’ (‘Il colosso di Rodi’, 1961), ópera prima del realizador y sin duda su peor trabajo, film del que se hizo cargo tras pasar años de experiencia como asistente de director en films tan importantes como ‘Ladrón de bicicletas’ (‘Ladri di biciclette’, Vittorio De Sica, 1948) o ‘Ben-Hur’ (id, William Wyler, 1959) y que pudo haber sido mucho mejor de lo que fue.


Ya hablamos en su momento de la conocida Trilogía del dólar, formada por las inolvidables ‘Por un puñado de dólares’ (‘Per un pugni di dollari’, 1964), ‘La muerte tenía un precio’ (‘Per calche dollare in più’, 1965) y ‘El bueno, el feo y el malo’ (‘Il buono, il brutto, il cattivo’, 1966), cuya influencia en el cine posterior es mayor de la que se cree. Otra trilogía siguió a la mencionada. A Leone la llevó mucho más tiempo terminarla, y mediante ella se propuso hablar de América desde una perspectiva pocas veces vista, pues Leone, siendo italiano, pareció entender mucho mejor un país y un cine que muchos cineastas norteamericanos. ‘Hasta que llegó su hora’ (‘C’era una volta il West’, 1968) ‘¡Agáchate maldito!’ (‘Giù la testa’, 1971) y ‘Érase una vez en América’ (‘Once Upon a Time in America’, 1984) forman un tríptico tan fascinante como complejo.


El western y el cine de gangsters, géneros puramente norteamericanos, reinventados por un cineasta europeo que aunó estilos americanos, japoneses e italianos, atreviéndose a romper las reglas en el uso del tempo narrativo o la música, creando un estilo único que sirvió de inspiración a muchos cineastas posteriores. Tres fábulas inolvidables que evidencian los dos temas predilectos de Leone: el paso del tiempo y la muerte.

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