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Deliria (aka Stage Fright): Slasher a la italiana.

“Deliria” (1987), es un film de terror del director Michele Soavi, el cual está protagonizado por David Brandon y Barbara Cupisti.


Unos actores que ensayan un musical de terror, quedan encerrados en un teatro. Para su mala fortuna no están solos. Un psicópata que ha escapado de un hospital psiquiátrico se ha quedado encerrado con ellos. Solo tendrán una última esperanza para escapar: encontrar la llave del teatro que alguien ha escondido.



 Luego de trabajar como actor en algunos films de terror italiano y colaborar con directores como Dario Argento y Aristide Massaccesi (más conocido como Joe D´amato), a Michele Soavi se le presentó la oportunidad de dirigir su primer largometraje. Dicho largometraje sería “Deliria”, el cual contaría con un guión del actor y escritor Luigi Montifiore (más conocido como George Eastman), y sería producido por Joe D´amato. Lamentablemente para Soavi, el proyecto que tenía entre manos difícilmente podía ser considerado como un proyecto soñado. El guión de la cinta está bastante lejos de ser una idea original, debido a que evidentemente intenta sacar provecho del subgénero del slasher que tanto éxito había tenido a principios de los ochenta en norteamérica. El reto que se le presentaba a Soavi no era menor, porque para cuando comenzó a filmar la película, el público ya no se mostraba demasiado interesado en los clichés que por lo general presentaban los slashers, razón por la cual el director tuvo que ingeniárselas para refrescar de alguna forma una fórmula que se había repetido hasta el cansancio.



La premisa es similar a la vista en otros slashers; un grupo de veinteañeros quedan atrapados en un lugar aislado, mientras un psicópata comienza a asesinarlos de manera cruenta. La única diferencia es que en este caso, la historia se desarrolla en torno a una compañía teatral que se encuentra enclaustrada en un teatro preparando un musical acerca de un asesino que utiliza una máscara con la forma de la cabeza de búho. Luego de lesionarse un tobillo y visitar el hospital más cercano (el cual resulta ser un hospital psiquiátrico), Alice (Barbara Cupisti) llevará al teatro sin saberlo, a un peligroso asesino que se las ha ingeniado para escapar de su celda y esconderse en su automóvil. Cuando el psicópata cobra a su primera víctima, llamando la atención de la policía y los medios de comunicación, Peter (David Brandon), el petulante director de la obra, a sabiendas de la publicidad que le traerá el macabro acontecimiento, encierra a todo el elenco en el teatro para ensayar la obra durante la noche. Como es de esperar, el asesino ha quedado encerrado junto con ellos, dejándole muy pocas opciones de sobrevivencia a los involucrados.



 Dejando de lado las similitudes argumentales que pueda presentar “Deliria” con otras cintas del género, el film se destaca por su deslumbrante estilo visual y su ritmo narrativo dinámico. Soavi demuestra tener bastante habilidad para rodar escenas realmente perturbadoras sin la necesidad de echar mano a la violencia gráfica. De hecho, aunque son varios los personajes que se convierten en víctimas del asesino, la cantidad de gore que presenta el film es bastante moderado. Son varias las escenas donde la violencia solo es sugerida por el director, quien de manera bastante inteligente, en ocasiones nos presenta el punto de vista de la víctima, lo que aumenta la sensación de angustia del espectador. Como suele suceder en este tipo de films, nos encontramos con un asesino prácticamente omnipresente, por lo que la sensación de peligro es constante durante casi todo el metraje. Por otro lado, es evidente la influencia que directores como Dario Argento ejercieron en Soavi, en especial a lo que se refiere al uso de los colores, con los cuales logra darle un tono onírico al film. El director juega con el límite entre lo real y lo imaginario, lo que queda del todo plasmado en la escena en la que el psicópata se disfraza como el asesino de la obra y mata a puñaladas a una de las actrices a vista y paciencia del resto del elenco, que cree que todo es una mera actuación.


La influencia de Argento no sólo es distinguible a nivel estético sino que también se puede apreciar a nivel temático e iconográfico; los crímenes elaborados y embellecidos, la perversa idea de fascinación por el mal que exhibe la protagonista, y la relación entre arte y crimen, entre otras cosas. Luego de una breve introducción, donde se presenta sin mucho aspaviento a los personajes y sus objetivos (la verdad es que en general los personajes son bastante unidimensionales), se pasa rápidamente al suspenso y al horror. El espacio en el que se mueven los personajes es bastante reducido, por lo que las posibilidades de que ellos se encuentren de frente con el asesino son altas. Soavi juega con la claustrofobia de los personajes y con la desesperación propia de la situación en la que están sumidos. Es importante mencionar que a diferencia de gran parte de los protagonistas de este tipo de cintas, en esta ocasión las potenciales víctimas deciden enfrentar al psicópata, guiados por su desesperación y/o sus deseos de venganza, en vez de recluirse en un lugar a esperar su inevitable muerte.



 Las actuaciones en general son bastante correctas. Barbara Cupisti hace un buen trabajo como la heroína de turno. Es relevante destacar que en el tramo final de la cinta, la protagonista muestra más de un paralelo con la famosa heroína homónima del cuento de Lewis Carrol; tras despertar luego de sufrir una brusca caída, Alice se ve inmersa en un mundo que ha sido devastado por el horror. Mientras recorre los pasillos del teatro buscando a sus compañeros, la protagonista se va encontrando con una realidad pesadillezca y sobrecogedora, un verdadero cuadro dantesco donde el asesino es amo y señor de la situación. David Brandon por su parte, interpreta a un personaje que está guiado meramente por la ambición y sus ansías de fama, lo que no le impide por momentos comportarse como un héroe, provocando la empatía del espectador. Sin embargo, es en los momentos de peligro donde muestra su verdadera naturaleza, perdiendo por completo la simpatía del espectador. Por otro lado, la banda sonora compuesta por Simon Boswell resulta ser efectiva por momentos, aún cuando incluye música rock. Soavi le da una importancia especial a la banda sonora, razón por la cual esta es utilizada prácticamente de forma constante durante el transcurso del metraje. Por último, cabe destacar la labor de Renato Tafuri, quien realiza un estupendo trabajo de fotografía, dotando a la cinta de una atmósfera realmente inquietante.


“Deliria” es fácilmente una de las mejores cintas de terror salidas de Italia durante la década de los ochenta. Y es que Soavi logra sobreponerse a un guión que presenta más de alguna falencia, situaciones sencillamente inverosímiles, y los típicos clichés del género, dando vida a una cinta interesante que podría ser tomada como una cruza entre un giallo (especialmente en lo que a términos estéticos se refiere) y un slasher. El director maneja de buena manera el suspenso, razón por la cual logra dar forma a escenas tan escalofriantes como aquella en la que la protagonista intenta recuperar la llave de la puerta del teatro, la cual está ubicada a escasos metros de donde se encuentra el asesino. Además, las escenas de violencia son estilizadas y los asesinatos son bastante variados e imaginativos, pese a la escasez de instrumentos con los que cuenta el psicópata. Por último, cabe destacar el hecho de que Soavi sabe que está lidiando con una fórmula sobreutilizada, por lo que incluso se atreve a parodiar por momentos los clichés del slasher, como por ejemplo las características sobrehumanas que tienden a presentar los villanos de turno (sólo es cosa de ver el guiño final del asesino). En definitiva, “Deliria” reinventa en la medida de lo posible el subgénero del slasher, y se presenta como uno de los productos más recomendables de la desgastada factoría de horror italiana.

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