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The Witches: Pueblo chico, infierno grande.

 


“The Witches” (1966), es un film de suspenso/terror del director Cyril Frankel, el cual está protagonizado por Joan Fontaine, Alec McCowen y Kay Walsh.



Angustiada por los terrores vividos durante su estadía como misionera en África, la profesora de escuela Gwen Mayfield (Joan Fontaine) acepta el cargo de directora de la escuela del pueblo de Haddaby, propiedad de Alan Bax (Alec McCowen) y su hermana Stephanie (Kay Walsh). Si bien al principio Gwen goza de la tranquilidad de su nueva vida, pronto comienzan a ocurrir extraños fenómenos que amenazan con hacerla perder por completo su sanidad mental.



 Para principios de la década del sesenta, la exitosa actriz Joan de Beauvoir de Havilland, más conocida como Joan Fontaine, sabía que su carrera cinematográfica estaba llegando a su fin. Debido a que no le llegaban nuevos ofrecimientos para trabajar en el cine, ella decidió desarrollar su propio proyecto. Impresionada por la historia de la novela “The Devil´s Own”, de la escritora Norah Lofts (que utilizó el seudónimo de Peter Curtis), Fontaine compró los derechos en septiembre de 1962, y posteriormente se los ofreció a la mitad de las compañías de la industria cinematográfica británica en un intento de que el film que se realizara con ella como protagonista, y así conseguir revitalizar su alicaída carrera. En junio de 1964, la Hammer-Seven Arts se interesó en el proyecto, tras lo cual llamaron al autor Nigel Kneale para escribir el guión. Según Kneale, “Leí el libro y pensé que estaba bien hasta cierto punto. Para mí lo interesante era el hecho de que la historia se desarrollara en un escenario rural común y corriente, que estuviera plagada de dobles significados y que algunos elementos siniestros surgieran de la nada en ocasiones”.



Para el puesto de director sería contratado Cyril Frankel, quien recientemente había trabajado en la serie de televisión “The Baron” (1966). Si bien Frankel estaba satisfecho con el hecho de trabajar con Fontaine y con el aspecto misterioso de la historia, no sucedía lo mismo con el guión escrito por Kneale, en especial a lo referente a una escena que involucraba un ritual grupal. Kneale por su parte, consideraba que el director podría haber tenido un mejor manejo de aquella escena, convirtiéndola en algo realmente aterrador (cosa que la verdad no sucede). La cinta comienza en medio de la selva africana, donde la profesora Gwen Mayfield intenta salvaguardar su pequeña escuela del inminente ataque de unos hechiceros que encabezan una revuelta tribal. Tras sufrir el ataque de los hechiceros, Gwen regresa a Inglaterra para recuperarse de la crisis nerviosa que aquello le ha provocado. Es entonces cuando recibe la visita de Alan Bax, un hombre acaudalado quien le ofrece un puesto en la modesta escuela del pueblo de Haddaby donde este reside. Pese a la inseguridad que le provoca la idea de volver a trabajar como maestra, Gwen acepta el trabajo pensando que la tranquila vida rural le ayudará a dejar sus temores atrás.



 Aunque en un principio el haber aceptado este nuevo trabajo parece haber sido una buena idea, pronto Gwen comienza a notar cosas extrañas en el comportamiento de los habitantes de Haddaby. Para empezar, a Alan le gusta aparentar que es un sacerdote, cuando la verdad es que jamás pudo ingresar al seminario. Por otro lado, varios habitantes del pueblo sin explicación alguna comienzan a ver con malos ojos la inocente relación que se da entre una pareja de adolescentes (Ingrid Boulting y Martin Stephens), quienes son alumnos de Gwen. Eventualmente la protagonista se dará cuenta que no todo es lo que parece en el idílico pueblo, donde al parecer algunos de sus habitantes practican la brujería, lo que inevitablemente le recordará los horrores que vivió en África acercándola peligrosamente a la locura. Esa es básicamente la historia de este film, cuya premisa es bastante prometedora pero que lamentablemente no es bien aprovechada. El director se toma su tiempo para retratar a Haddaby como un lugar tranquilo donde la protagonista puede iniciar una nueva vida, al mismo tiempo que nos da algunos indicios de que algo extraño sucede en el pueblo. Principalmente comienzan a suceder una serie de misteriosos acontecimientos alrededor de la pareja de adolescentes antes mencionada, entre los que se incluye la muerte del padre de uno de ellos, lo que obviamente provoca la desconfianza y el temor de la frágil maestra.


Para mantener el interés del espectador, Frankel introduce algunas interrogantes en la trama las cuales actúan como el motor de la historia. ¿Por qué los Bax han contratado específicamente a Gwen, cuando esta viene recién recuperándose de una fuerte crisis nerviosa?, ¿Qué relación tiene su experiencia en África con lo que sucede en el pueblo?, ¿Qué importancia tiene la pareja de adolescentes?, y ¿Quién está detrás de los actos de brujería?, son algunas de las interrogantes que se intentan responder durante el transcurso del film. Mientras que algunas quedan claramente explicadas, otras terminan siendo dejadas de lado en favor de otras preguntas más importantes. Por otro lado, uno de los elementos interesantes que tiene esta cinta es la discusión acerca de lo sobrenatural que se da entre Gwen y Stephanie Bax. Su conversación acerca de la naturaleza de la superstición, la realidad de lo sobrenatural versus los resultados prácticos que obtienen las personas que creen en lo sobrenatural, y la idea de la brujería como un medio para obtener poder y combatir los efectos del envejecimiento y la muerte, refleja en gran medida algunos de los conceptos que se intentan tocar a lo largo del film con relativo éxito.



En el ámbito de las actuaciones, el elenco en general realiza un buen trabajo, siendo Joan Fontaine quien realiza un trabajo más discreto. Aunque su actuación no podría calificarse como mediocre, hay escenas en las que se muestra demasiado compuesta cuando la verdad es que se supone que su personaje está aterrada con lo que está sucediendo a su alrededor. Quien sin duda se roba la cinta es Kay Walsh, quien interpreta a uno de los personajes femeninos más interesantes dentro de la filmografía de la Hammer, ya que no sólo es una mujer fuerte, sino que además es capaz de fusionar la racionalidad científica con la mera superstición. De hecho, fue Walsh quien concentró el interés de la crítica, mientras que a Fontaine no le quedó más remedio que expresar su amargura con el resultado del film (e indirectamente con el hecho de que Walsh haya pasado a ser el centro de atención) en la autobiografía que escribió algunos años después. En el aspecto técnico, la cinta cuenta con el sólido trabajo de fotografía de Arthur Grant, y con la atmosférica banda sonora de Richard Rodney Bennett, la que resulta ser sumamente efectiva a la hora de aumentar la tensión de algunas escenas.



En cierta medida, uno podría considerar a “The Witches” como una suerte de ensayo para lo que posteriormente sería la inmensamente superior “The Wicker Man” (1973). Ambas cintas comparten una serie de elementos como por ejemplo la llegada de un extraño a una comunidad algo hermética y misteriosa, una familia acaudalada que parece dominar el lugar, una serie de extraños sucesos en torno a una adolescente y la celebración de actos rituales, entre otras cosas. Aunque el film tiene un ritmo narrativo más bien pausado, contiene dosis suficientes de suspenso como para mantener interesado al espectador durante todo el transcurso del metraje. Probablemente los puntos más bajos de la cinta están concentrados en algunos de los problemas que presenta el guión (existen algunos elementos que carecen de toda lógica y que atentan contra el buen desarrollo de la historia), y la coreografía del ritual final la cual se acerca peligrosamente a niveles irrisorios. En definitiva, “The Witches” se acerca más al género de suspenso que al del horror, y si bien en lo personal me pareció entretenida, difícilmente esta película podría considerarse como una de las mejores producciones de la Hammer. Pese a esto, es un interesante “producto fallido” que merece ser rescatado del olvido, en especial si se tiene cierta inclinación por las producciones de la casa del martillo.

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