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The New York Ripper: Una de las cintas más controversiales de Lucio Fulci.

“Lo Squartatore di New York” (1982), es una cinta de terror del director Lucio Fulci, la cual está protagonizada por Jack Hedley, Almanta Suska y Howard Ross.


Los habitantes de Nueva York están siendo aterrorizados por un asesino de hermosas mujeres. Mientras el Teniente Fred Williams (Jack Hedley) intenta descubrir la identidad del psicópata, los asesinatos que este comete son cada vez más brutales y frecuentes.

Con resultados algo dispares, Lucio Fulci sería uno de los pocos directores que intentaría revitalizar el alicaído cine de terror italiano durante la década de los ochenta. Dentro de las muchas fórmulas que aplicó el director en las películas que realizó durante este periodo, se encuentra su particular aproximación al subgénero del slasher en “Lo Squartatore di New York”. Junto con el guionista Dardano Sacchetti, con quien había trabajado anteriormente en un par de ocasiones, Fulci se encargó de escribir el guión de una de sus cintas más criticadas tanto por el público, como por la crítica especializada que venía reverenciando sus últimos trabajos. Básicamente, la historia sigue la investigación del Teniente Williams, quien está tras la pista de un misterioso asesino que está mutilando mujeres a lo largo de todo Nueva York, el cual además presenta la particularidad de hablar con una voz muy aguda similar a la del Pato Donald. Para encontrar al psicópata lo antes posible, Williams no tiene más remedio que reclutar al Dr. Davis (Paolo Malco), un psiquiatra capaz de desentrañar los patrones de conducta y la posible identidad del criminal que está aterrorizando a las mujeres de la Gran Manzana.


Para muchos, “Lo Squartatore di New York” marcaría un franco declive en la carrera del Fulci. En esta ocasión el director retoma algunos de los elementos del género del giallo, para fusionarlos con otros más propios del policial norteamericano de los setenta, y finalmente agregar a la mezcla algunas características más propias del subgénero del slasher, el cual a principios de los ochenta estaba adquiriendo una gran cantidad de seguidores. Aunque en el papel esto es a todas luces un proyecto prometedor, por momentos parecería que al momento de escribir el guión, Fulci tenía un conjunto de diversas ideas en su mente las cuales terminaron colisionando sin control entre sí, dando vida a una historia algo engorrosa por momentos, y carente de sentido en otros. Y es que no son pocos los elementos que le juegan en contra a un film que ganó cierta notoriedad por sus problemas con los organismos de censura (quedando catalogado dentro del infame grupo de los “video nasties“), los cuales prohibieron su exhibición en algunos países debido a su alto contenido sexual y su violencia gráfica.


Uno de los errores que presenta el guión, es la inclusión de una serie de situaciones y personajes que poco aportan a la historia. Por ejemplo, la escena en la que Jane Forrester (Alexandra Delli Colli) es “acosada” por un par de hombres en un bar, es completamente innecesaria ya que mediante un erotismo de bastante mal gusto, se viene a establecer algo que ya se había determinado previamente en la cinta (la marcada afición por el sexo que tiene la mujer, cuyo marido eventualmente se convierte en uno de los sospechosos de los crímenes). De la misma forma, se pueden apreciar una serie de agujeros en el guión, razón por la cual muchas de las conclusiones obtenidas por los protagonistas parecen haber sido improvisadas por los mismos. Las evidencias que recolecta tanto la policía como Fay Majors (Almanta Suska), la única víctima del asesino que logra salir con vida y que posteriormente comienza a investigar por su cuenta, distan de ser concluyentes, lo que no les impide descubrir en determinado momento la identidad del asesino y sus motivaciones. Es a raíz de esto que si bien Fulci intenta sembrar un dejo de misterio alrededor de la identidad del asesino, la trama policial está tan mal construida que termina quedando en un segundo plano ante las escenas gore que son las verdaderas estrellas del espectáculo.


Las escenas gore son abundantes y bastante impactantes, lo que no resulta extraño considerando que se trata un film de Lucio Fulci. Hay cortes, extracción de vísceras y mutilación de genitales, entre otras cosas. Curiosamente, una de las escenas más fuertes es la menos gráfica (en dicha, escena el asesino utiliza una botella rota para cortar violentamente los genitales de una prostituta). Para ser sinceros, el equipo conformado por Gianetto de Rossi y los hermanos Rochetti realiza un trabajo bastante dispar. Si bien algunas de las escenas gore llegan a verse bastante realistas, y por ende, bastante repulsivas, otras distan de lograr el efecto deseado. Por otro lado, las escenas de desnudos también son abundantes y muchas de estas pueden ser encasilladas directamente en el llamado softcore. La inclusión de dichas escenas responde al hecho de que Fulci pretende hacerle creer al espectador que los asesinatos tienen una relación directa con el sexo (esta hipótesis solo será comprobada en el último tramo del film). Es precisamente la inclinación del director a mostrar a las mujeres como meros objetos sexuales, y la marcada misoginia tanto del asesino como del mismo Fulci, lo que provocó que mucha gente asegurara que la película era obscena y ofensiva, lo que hasta cierto punto no deja de ser cierto.

En el ámbito de las actuaciones, el elenco realiza un trabajo bastante discreto. Más allá del aspecto interpretativo, el hecho de que muchos de los diálogos sean involuntariamente (o voluntariamente) cómicos, le resta seriedad y credibilidad a los personajes. Por momentos, da la impresión de que ni el Teniente Williams, ni el médico forense a cargo de la investigación, se toman demasiado en serio los asesinatos. Algo similar ocurre con el personaje interpretado por Almanta Suska. Sus repentinos cambios de ánimo y su súbito interés por descubrir la identidad del asesino no terminan de convencer. Es básicamente una heroína improvisada, aunque por lo menos logra captar la simpatía del espectador. Por otro lado, el trabajo de fotografía de Luigi Kuveiller es bastante irregular, ya que si bien logra retratar de buena forma la ciudad de Nueva York y de paso dota a la cinta de una atmósfera enfermiza, existen ciertos pasajes del film que parecieran haber sido sacados de una producción para la televisión. Algo similar ocurre con la banda sonora compuesta por Francesco De Masi, que presenta algunos pasajes realmente atmosféricos, mientras que la canción principal parece haber sido sacada directamente de una serie de televisión setentera de policías.


Uno de los aspectos que más llama la atención de la cinta, es la bizarra voz del asesino. Dicha característica se termina convirtiendo en un arma de doble filo; aunque por un lado ayudó a que la película adquiera cierta notoriedad por lo extraño que resulta presentar a un asesino cuya voz es muy similar a la del Pato Donald, por otro el director se está arriesgando ridiculizar a quien se supone que debe provocarle terror al espectador. Aunque en el tramo final del film, Fulci se asegura de explicar la razón por la cual el psicópata habla como un pato, dicha explicación parece algo forzada, razón por la cual este detalle puede ser visto más como una forma de autorreferencialismo (es cosa de recordar lo hecho por el director previamente en “Don’t Torture a Duckling”, 1972). A fin de cuentas, “Lo Squartatore di New York” es otro ejemplo más de la inclinación del director por privilegiar el aspecto visual de sus trabajos, en este caso mostrando escenas de violencia gráfica en contra de mujeres, sacrificando con esto el desarrollo de los personajes y la elaboración de una historia más sólida. En definitiva, estamos ante una película que pese a no tener un guión demasiado coherente o intrigante, logra entretener al espectador ávido de sangre a base de escenas gore bastante impactantes, y un ritmo narrativo irregular pero jamás tedioso.

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