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The Burning: Cuando una broma termina horriblemente mal.

“The Burning” (1981), es un film de terror del director Tony Maylam, el cual está protagonizado por Brian Matthews, Leah Ayres y Brian Backer.

 



Después de que una cruel broma sale mal, Cropsy (Lou David), el malogrado cuidador de un campamento, decide vengarse de quienes él considera como los responsables de las múltiples quemaduras que ha sufrido su cuerpo. ¿Podrá un pequeño grupo de campistas escapar de este demente antes de que los asesine a todos?

Buscando sacar provecho de la creciente fiebre por los slasher films, la productora Miramax, en aquel entonces dirigida por Harvey Weinstein, se apresuró a realizar su aporte al subgénero. Bob Weinstein en compañía de Tony Maylam y Brad Grey, serían los encargados de escribir el guión del proyecto que tendría un presupuesto de 1.500.000 dólares. Para realizar los efectos especiales, Weinstein contrató al afamado Tom Savini, quien rechazó un trabajo en la cinta “Friday the 13th Part 2” (1981) para poder trabajar en “The Burning”. Lamentablemente para Savini, el productor le dio muy poco tiempo para diseñar algunos de los efectos especiales y el maquillaje del asesino de turno. De hecho, el mismo Savini declaró en una ocasión que sólo contó con tres días para diseñar el rostro desfigurado de Cropsy, razón por la cual el asesino no tiene la apariencia de una víctima de quemaduras, sino que más bien su rostro parece haberse derretido como si hubiese estado hecho de cera. Como muchos de los slasher realizados durante la década de los ochenta, “The Burning” toma prestado bastantes elementos de “Friday the 13th” (1980) con distintos resultados.


La premisa de la cinta consiste en que un grupo de adolescentes deciden realizarle una broma a Cropsy, el abusivo y alcohólico conserje del campamento al que ellos asisten. Mientras Cropsy se encuentra durmiendo en su cabaña, los adolescentes plantan un cráneo falso repleto de gusanos, el cual tiene un par de velas en su interior. Para su desgracia, su broma funciona demasiado bien por lo que cuando el conserje despierta, este empuja el cráneo hacia su cama prendiéndole fuego a las sábanas y posteriormente a la totalidad de su cuerpo. Luego de pasar cinco años hospitalizado intentando recuperarse sin éxito de las graves quemaduras que ha sufrido su cuerpo, un mentalmente inestable Cropsy se dirige al lugar donde estaba ubicado el campamento en el que trabajaba, para vengarse de un grupo de molestos adolescentes. Para establecer desde un principio el delicado estado mental del asesino, una vez que es dado de alta del hospital, este se dirige directamente a asesinar a una prostituta. Tras dicha escena, la cual es bastante explícita y que pone en evidencia la obsesión del asesino con las tijeras, pasaran alrededor de 30 minutos antes de que ocurra un nuevo asesinato.


Ya cuando la acción se traslada al campamento todo se vuelve bastante genérico. Como suele suceder en este tipo de films, la gran mayoría de los adolescentes que asisten al campamento solo piensan en sexo (razón por la cual en más de una ocasión se señaló que los slashers son cintas con un retorcido trasfondo moral, donde se castiga a los jóvenes que exhiben “malas conductas”) y en como molestar a Alfred (Brian Backer), un joven algo extraño el cual parece obsesionado con una de las muchachas. Por una razón que no se entiende demasiado, es Alfred quien ocupa un rol protagónico en la historia, lo cual dista de ser un punto a favor para la cinta, ya que dicho personaje es fácilmente uno de los más molestos del film, por lo que uno termina deseando que el asesino acabe pronto con su miseria. En ese sentido, probablemente los únicos dos personajes con los que el espectador logra empatizar en algún grado son Todd (Brian Matthews) y Michelle (Leah Ayres), quienes trabajan como consejeros del campamento Stonewater, y que eventualmente tendrán que enfrentar al en apariencia imparable e omnipresente asesino.


Por otro lado, el director utiliza bastante el “punto de vista del asesino” para aumentar la tensión de ciertas escenas (técnica bastante utilizada en los slashers). Y es que la cinta está plagada de clichés, presentando muy pocos elementos que escapan a las convenciones del subgénero. Además de las características ya mencionadas, nos encontramos con el típico asesino que tiene una fuerza sobrehumana pese a lo dañado que se encuentra su cuerpo, con un par de escenas de desnudo tanto parciales como totales, y con un asesino que exhibe una marcada inclinación por las armas blancas (en este caso una tijera de jardinería), entre otras cosas. Una de las pocas “propuestas originales” que presenta “The Burning”, le trajo una serie de problemas a la producción con los organismos de censura debido a su alto grado de violencia. Dicha “variante” es la famosa escena de la balsa, donde Cropsy a pleno día asesina a cinco jóvenes de manera sucesiva y violenta. Y es que curiosamente gran parte de los asesinatos ocurren a plena luz del día (aunque la verdad es que algunas escenas de asesinato son “víctimas” de un par de errores de continuidad, ya que supuestamente la acción está ocurriendo de noche). Afortunadamente, las escenas de violencia están bien orquestadas y cuentan con los estupendos efectos de Tom Savini, por lo que logran impactar al espectador pese a que el ambiente en el que se desarrollan no sea del todo escalofriante.


En el ámbito de las actuaciones, gran parte del elenco realiza un trabajo bastante mediocre, siendo Brian Matthews y Leah Ayres los únicos dos actores que realizan una labor aceptable. Como dato curioso, interpretando roles secundarios se puede ver a un joven Jason Alexander (conocido por su rol de George Costanza en “Seinfeld”) y a una igualmente joven Holly Hunter, quienes serían los únicos actores involucrados en el film que conseguirían cierto éxito en el cine y/o la televisión. Por otro lado, el trabajo de fotografía de Harvey Harrison resulta ser interesante, debido a que por momentos logra otorgarle un aspecto amenazador al escenario donde se desarrolla el film, aún cuando como había mencionado anteriormente, la mayoría de la acción transcurre durante el día. Y es que muy ligado al trabajo de Harrison está la labor de Tony Maylam, quien se las arregla para orquestar escenas sumamente efectivas. En lo que a la banda sonora compuesta por Rick Wakeman se refiere, pese a no ser demasiado memorable, esta resulta ser efectiva y por momentos se asemeja a las bandas sonoras utilizadas por Dario Argento en sus films.


En gran medida, Cropsy parece haber sido sacado directamente de una leyenda urbana y presentaba el potencial suficiente para convertirse en un ícono del terror de los ochenta. Lamentablemente, “The Burning” no obtuvo el éxito esperado y es comprensible la razón de aquello; pese a la cantidad no despreciable de gore, la efectiva banda sonora, y a presentar algunas escenas que escapan a las convenciones habituales del subgénero, la película no deja de ser un slasher promedio que cumple con todos los clichés esperables. Además le juega en contra no contar con personajes que resulten interesantes o empáticos, y concentrar gran parte del horror y la violencia en la última media hora de metraje. De todas formas, Maylam se las arregla para que la cinta no se torne tediosa, manteniendo un ritmo narrativo relativamente dinámico. En definitiva, “The Burning” puede que no sea uno de los mejores slashers realizados en los ochenta, pero es lo suficientemente entretenida como para justificar su visionado.


National Lampoon´s Christmas Vacation: Cuando las buenas intenciones terminan en caos.

“National Lampoon´s Christmas Vacation” (1989), es una comedia del director Jeremiah Chechik, la cual está protagonizada por Chevy Chase, Beverly D´Angelo y Randy Quaid.


Clark Griswold (Chevy Chase), un típico padre de familia norteamericano, sueña con una Navidad perfecta, y justamente por eso, las cosas se salen de control hasta el punto en que la festividad se convierte en un auténtico circo.



 En el año 1970, en norteamérica comenzó a publicarse la revista de humor National Lampoon, la cual se caracterizaba por presentar una serie de parodias de hechos cotidianos, junto con contenido de carácter más surrealista. Seria tal el éxito de esta publicación, que a fines de la década de los setenta, la industria hollywoodense comenzó a producir una serie de cintas que utilizaban la marca “National Lampoon”, y que además involucraban a gran parte del equipo creativo de la revista. Fue así como nació la franquicia de “Vacaciones”, la cual presentaba como protagonistas a la familia Griswold, liderada por el torpe pero bienintencionado Clark Griswald. Tras un par de exitosas entregas, la Warner Bros le pidió al director y guionista John Hughes, que escribiera el guión de una nueva entrada en la saga. Para Hughes, su participación en esta cinta se convertiría en una rara excepción en su carrera. Con respecto a esto, él declararía en una entrevista: “En la única secuela que estuve involucrado por obligación fue en la tercera película de ´Vacaciones´. El estudio me rogó que escribiera un nuevo guión, y yo sólo accedí debido a que tenía una buena historia en la cual basarme”.



Dicha historia, cuya autoría correspondía al mismo Hughes, se titulaba “Christmas ´59”, y fue publicada en diciembre de 1980 en uno de los números de la revista National Lampoon. Tal y como sucedió en las dos primeras entradas de la saga, Hughes decidió no utilizar la silla del director dejando su puesto al inexperto Jeremiah Chechik, cuya única experiencia como director la había obtenido en un par de humildes spots comerciales. A diferencia de las dos cintas anteriores, donde la familia Griswold se encontraba disfrutando sus vacaciones de verano en distintos puntos del globo, en esta ocasión Clark y compañía están concentrados en los preparativos de la fiesta de Nochebuena que han organizado en su hogar junto a su familia. Lamentablemente para Clark, sus ansías por conseguir que todo salga como él lo ha planeado, los resentimientos y discusiones que se provocan entre los diversos integrantes de la familia, la visita de un primo algo chiflado, y su inherente mala fortuna, terminan siendo los ingredientes necesarios para una fiesta verdaderamente caótica y ciertamente inolvidable.


Clark es la encarnación del verdadero espíritu navideño. Él está empecinado en convertir esta Navidad en un recuerdo imborrable para el resto de su familia, ya sea adornando la casa con cientos de luces, cortando un verdadero árbol de navidad, o realizando actividades propias de la festividad. Por supuesto que cada actividad, cada pequeño detalle del cual Clark está a cargo, termina horriblemente mal no solo perjudicando directamente a su familia, sino que también a sus molestos vecinos (Julia Louis-Dreyfus y Nicholas Guest). En gran medida, el protagonista intenta decirnos que cualquier desastre se puede superar con optimismo y con fe, razón por la cual es inevitable empatizar con su causa. Su entusiasmo por la Navidad termina siendo contagioso, y eventualmente esto le trae una gran recompensa (que como todo en este film, viene acompañada del más completo caos familiar). A modo de subtrama, durante todo el transcurso de la cinta, Clark fantasea con respecto a los planes que tiene para un supuesto bono navideño que va a recibir de la empresa para la cual trabaja. Sus fantasías no solo generan un par de divertidos gags, sino que además el bono en sí tendrá consecuencias realmente hilarantes.


Sorprendentemente, “Christmas Vacation” presenta una serie de elementos que la conectan con el clásico navideño “It´s a Wonderful Life” (1946). Al igual que el personaje interpretado por James Stewart, llega un momento en el que Clark Griswold pierde por completo la esperanza tanto en la festividad, como en sí mismo, recuperándola sólo tras experimentar un verdadero “milagro” navideño. Además, es posible ver el film de Frank Capra en la televisión de los Griswold, en la escena en la cual los abuelos llegan de visita. Finalmente, detrás de las cámaras existe otra conexión: el asistente del director fue Frank Capra III, el nieto del legendario y premiado director. Aunque hay escenas realmente memorables (como el episodio de las luces o el problema con el árbol navideño), para ser sinceros, no todos los gags que presenta el film funcionan de buena manera. Pese a que gran parte de las escenas presentan los elementos necesarios para provocar la risa del espectador, por alguna extraña razón no logran el efecto deseado. Probablemente gran parte de la responsabilidad la tenga el director Jeremiah Chechik, quien como había mencionado anteriormente, sólo había trabajado en el rubro de los spots publicitarios, razón por la cual no logra sacarle un mejor provecho al buen guión y al estupendo elenco con el cual contaba.



En el ámbito de las actuaciones, el elenco en general realiza un estupendo trabajo. Este es probablemente el rol más recordado de Chevy Chase y con justa razón. Su personaje es casi como un niño pequeño, capaz de sorprenderse con las cosas más simples de la vida. Él disfruta a su familia aún cuando en su gran mayoría son personajes molestos, y se empeña para que todo salga bien aún cuando sabe por experiencia que nada resulta como él desea. Beverly D´Angelo por su parte, interpreta de buena manera a la comprensiva y más aterrizada Ellen Griswold, al igual que Juliette Lewis y Johnny Galecki, quienes encarnan a los cínicos hijos de la pareja. Junto con el personaje de Chase, probablemente quien termina quedándose en la memoria del espectador es el del campestre primo Eddie (Randy Quaid). Aunque en el fondo es bienintencionado, su accionar dista de ser loable, razón por la cual protagoniza una buena parte de las escenas más divertidas de la película. En un aspecto más técnico, Thomas E. Ackerman realiza un trabajo correcto de fotografía, mientras que Angelo Badalamenti pone su grano de arena con una banda sonora bastante efectiva.


Uno de los problemas que tiene el film, es el poco provecho que se le saca a los invitados de Clark. Con la excepción del tío Lewis (William Hickey) y la tía Bethany (Mae Questel), que son un verdadero par de caricaturas vivientes, el resto de los familiares no alcanzan a brillar como individuos, no cumpliendo la función por la cual fueron incluidos en la historia. Más allá de los pequeños problemas que pueda presentar la película, esta resulta ser bastante entretenida y a mi gusto ha soportado realmente bien el paso del tiempo. John Hughes fue responsable de los guiones de una gran cantidad de comedias sencillamente geniales, y “Christmas Vacation” califica para ser considerada como una de las buenas comedias realizadas durante los ochenta (de hecho, este film y el original son las dos mejores entradas en la saga de “Vacaciones”). En definitiva, “Christmas Vacation” es una película bastante recomendable, la cual se disfruta aún más en plena época navideña.


‘The Tourist’, cuando Johnny Depp y Angelina Jolie jugaron a ser Cary Grant y Audrey Hepburn

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avatar Alberto Abuín 6 de enero de 2011

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‘The Tourist’ (id, Florian Henckel von Donnersmarck, 2010) ha sido la primera película que he visto en un cine este año que acaba de comenzar, y lo primero que hice después de verla fue irme a casa a visionar ‘La vida de los otros’ (‘Das Leben der Anderen’, 2006) porque no podía creerme que estuvieran dirigidas por la misma persona. La exitosa cinta alemana que en 2007 le arrebató con todo el derecho del mundo un Oscar a ‘El laberinto del fauno’ (Guillermo del Toro, 2006), era el debut de un cineasta que se revelaba como un realizador sensible con un futuro de lo más prometedor. Todo el mundo estaría pendiente de su siguiente largometraje, y cuando Hollywood adoptó a von Donnersmack, nadie se sorprendió de ello. Era un paso lógico debido al prestigio de su ópera prima.

Pero cualquier parecido entre ambas cintas es pura coincidencia, y no me refiero únicamente a su trama argumental, sino a la puesta en escena de un director que parece haberse convertido en otro cineasta, desconcertando por completo con el resultado además de decepcionar profundamente. Mi compañera Beatriz habla de un film con bonitos paisajes y actores muy guapos, y conociendo a Juanlu, hubiera dado algo por ver su cara de mosqueo al salir del cine, a tenor de su sangrante crítica. Cómo no, la película ha sido un éxito en nuestra cartelera —no así en la estadounidense—, algo que se debe a la fama de sus dos estrellas principales, Johnny Depp y Angelina Jolie, una de las parejas cinematográficas más imposibles que se recuerdan.

El argumento de ‘The Tourist’ es prácticamente el mismo que el film en el que se basa, la cinta de origen francés, ‘El secreto de Anthony Zimmer’ (‘Anthony Zimmer’, Jérôme Salle, 2005), film olvidado que casi nadie recuerda, y que los responsables del remake se han encargado de ocultar aún más, pues la referencia al mismo aparece únicamente en los títulos de crédito finales, cuando el 90% de los espectadores ponen en práctica una de las modas más extendidas en el cine, una especie de competición por ver quién sale antes de la sala cuando la película termina. Curiosamente soy uno de esos mortales que vio el film original, y quedé completamente traspuesto por el intento de homenaje a don Alfred Hitchcock, no sólo argumentalmente —la falsa identidad y la confusión que produce—, sino formalmente, más importante aún —el uso de la música o la planificación—, fracasando en todo. De hecho, si hay algo recordable en esa penosa película es la presencia, siempre estimulante, de Sophie Marceau.

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La noticia de un remake yanqui fue recibida con alegría al menos por mí, ya que el relato tiene posibilidades, y el hecho de que alguien como Florian Henckel von Donnersmarck se hiciese cargo del proyecto era, en principio, una señal de garantía bastante alta. Si añadimos la presencia de uno de los actores más carismáticos del momento —no se puede decir lo mismo de su compañera de reparto—, y que en el guión interviene, además del propio director, Christopher McQuarrie —‘Sospechosos habituales’ (‘The Usual Suspects’, Bryan Singer, 1995)—, las expectativas estaban lo suficientemente altas. Impensable que éstas al final quedasen tiradas por los suelos, ultrajadas y humilladas. De acuerdo que ‘The Tourist’ es superior al film francés en más de un aspecto, pero en conjunto se trata de una película fallida, cuyo único interés se centra en la supuesta química de su pareja protagonista, y en el ejercicio de nostalgia que von Donnersmarck propone.

La cinta francesa ya era un intento de recuperar un tipo de cine que ya no se realiza, operación de lo más arriesgada a estas alturas, pues es evidente que los tiempos cambian y con ellos las exigencias del espectador. Éste ya no es tan ingenuo como hace décadas, entre otras cosas porque a cada año que pasan las películas sorprenden menos, y tratándose de una película con sorpresa final, hay que ser poco menos que un genio para coger desprevenido al público. Así pues nos encontramos con un remake que además de película, parece un querer rememorar la atmósfera de cintas tan populares como ‘Atrapa a un ladrón’ (‘To Cath a Thief’, Alfred Hitchcock, 1955) o ‘Charada’ (‘Charade’, Stanley Donen, 1963). Y digo sólo atmósfera porque la inteligencia estético temática de los films mencionados no asoma en ‘The Tourist’ por ningún lado. De hecho, son muchas las secuencias que parecen indicar que nos encontramos ante el trabajo de una serie de principiantes. Ver para creer.

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Las sombras de Hitchcock, Donen, y sobre todo Cary Grant, Audrey Hepburn y, en menor medida, Grace Kelly, planean sobre el film, dejando en evidencia la pobreza del material del que parte von Donnersmarck. No sé si la libertad que ha tenido el director ha sido la suficiente, imagino que ha tenido que adaptarse a las exigencias de los grandes estudios, pensando únicamente en el mercado del film. El caso es que la labor de Donnersmack raya el ridículo, con sólo una secuencia de cierto interés: la inicial. Curiosamente, el film original también tenía un comienzo atrayente e interesante en el interior de un tren. ‘The Tourist’ añade algunos elementos más, sino estaríamos hablando de una fotocopia, y el suspense planteado en sus primeros cinco minutos se desmorona drásticamente con el devenir de los acontecimientos. Lo que viene a continuación no es más que un desfile de despropósitos y en algún caso hasta puede considerarse un insulto a la inteligencia del espectador, en realidad menos tonto de lo que parece.

Pero lo más flagrante, al menos para mí, ha sido comprobar como Johnny Depp y Angelina Jolie intentan emular a las viejas estrellas antes mencionadas. El primero por atreverse con una extraña mezcla de su Jack Sparrow —muy carismático en el primer título de la saga, y literalmente insoportable en sus continuaciones— con la elegancia de Cary Grant. Depp es mucho Depp y tiene que estar verdaderamente perdido para ofrecer una interpretación mala, que no es el caso aunque su nominación a los globos de oro me parece exagerada. La segunda intenta desprender la gélida belleza de la Kelly y su forzada sonrisa emula la de la Hepburn, pero en la comparación pierde merecidamente por culpa de ofrecer un personaje al que sólo viste físicamente. Que Paul Bettany o Rufus Sewell estén totalmente desaprovechados, además de querer despistar sobre el más que previsible giro de guión final, atenúa el total desinterés con el que parece fue tomado el proyecto.

La belleza de Venecia, maravillosamente fotografiada por John Seale, y la extraordinaria banda sonora de un James Newton Howard en plena forma, son tal vez los únicos puntos destacables de una película que parece más una postal que otra cosa. Aburrida, y por momentos transmite falsas esperanzas pues da la sensación de que se va a poner interesante. Eso sí, en mi caso particular debo reconocer que en la sesión a la que fui, me lo pasé verdaderamente como un enano al presenciar cómo un jovencito que estaba sentado a mi diestra no dejaba de sorprenderse por la “originalidad” del film. El ritual de ir al cine a veces te reserva este tipo de cosas, que si la película no capta tu interés, uno siempre puede entretenerse con lo que sucede alrededor.

criticas


‘The Tourist’, cuando Johnny Depp y Angelina Jolie jugaron a ser Cary Grant y Audrey Hepburn


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‘The Tourist’ (id, Florian Henckel von Donnersmarck, 2010) ha sido la primera película que he visto en un cine este año que acaba de comenzar, y lo primero que hice después de verla fue irme a casa a visionar ‘La vida de los otros’ (‘Das Leben der Anderen’, 2006) porque no podía creerme que estuvieran dirigidas por la misma persona. La exitosa cinta alemana que en 2007 le arrebató con todo el derecho del mundo un Oscar a ‘El laberinto del fauno’ (Guillermo del Toro, 2006), era el debut de un cineasta que se revelaba como un realizador sensible con un futuro de lo más prometedor. Todo el mundo estaría pendiente de su siguiente largometraje, y cuando Hollywood adoptó a von Donnersmack, nadie se sorprendió de ello. Era un paso lógico debido al prestigio de su ópera prima.


Pero cualquier parecido entre ambas cintas es pura coincidencia, y no me refiero únicamente a su trama argumental, sino a la puesta en escena de un director que parece haberse convertido en otro cineasta, desconcertando por completo con el resultado además de decepcionar profundamente. Mi compañera Beatriz habla de un film con bonitos paisajes y actores muy guapos, y conociendo a Juanlu, hubiera dado algo por ver su cara de mosqueo al salir del cine, a tenor de su sangrante crítica. Cómo no, la película ha sido un éxito en nuestra cartelera —no así en la estadounidense—, algo que se debe a la fama de sus dos estrellas principales, Johnny Depp y Angelina Jolie, una de las parejas cinematográficas más imposibles que se recuerdan.


El argumento de ‘The Tourist’ es prácticamente el mismo que el film en el que se basa, la cinta de origen francés, ‘El secreto de Anthony Zimmer’ (‘Anthony Zimmer’, Jérôme Salle, 2005), film olvidado que casi nadie recuerda, y que los responsables del remake se han encargado de ocultar aún más, pues la referencia al mismo aparece únicamente en los títulos de crédito finales, cuando el 90% de los espectadores ponen en práctica una de las modas más extendidas en el cine, una especie de competición por ver quién sale antes de la sala cuando la película termina. Curiosamente soy uno de esos mortales que vio el film original, y quedé completamente traspuesto por el intento de homenaje a don Alfred Hitchcock, no sólo argumentalmente —la falsa identidad y la confusión que produce—, sino formalmente, más importante aún —el uso de la música o la planificación—, fracasando en todo. De hecho, si hay algo recordable en esa penosa película es la presencia, siempre estimulante, de Sophie Marceau.


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La noticia de un remake yanqui fue recibida con alegría al menos por mí, ya que el relato tiene posibilidades, y el hecho de que alguien como Florian Henckel von Donnersmarck se hiciese cargo del proyecto era, en principio, una señal de garantía bastante alta. Si añadimos la presencia de uno de los actores más carismáticos del momento —no se puede decir lo mismo de su compañera de reparto—, y que en el guión interviene, además del propio director, Christopher McQuarrie —‘Sospechosos habituales’ (‘The Usual Suspects’, Bryan Singer, 1995)—, las expectativas estaban lo suficientemente altas. Impensable que éstas al final quedasen tiradas por los suelos, ultrajadas y humilladas. De acuerdo que ‘The Tourist’ es superior al film francés en más de un aspecto, pero en conjunto se trata de una película fallida, cuyo único interés se centra en la supuesta química de su pareja protagonista, y en el ejercicio de nostalgia que von Donnersmarck propone.


La cinta francesa ya era un intento de recuperar un tipo de cine que ya no se realiza, operación de lo más arriesgada a estas alturas, pues es evidente que los tiempos cambian y con ellos las exigencias del espectador. Éste ya no es tan ingenuo como hace décadas, entre otras cosas porque a cada año que pasan las películas sorprenden menos, y tratándose de una película con sorpresa final, hay que ser poco menos que un genio para coger desprevenido al público. Así pues nos encontramos con un remake que además de película, parece un querer rememorar la atmósfera de cintas tan populares como ‘Atrapa a un ladrón’ (‘To Cath a Thief’, Alfred Hitchcock, 1955) o ‘Charada’ (‘Charade’, Stanley Donen, 1963). Y digo sólo atmósfera porque la inteligencia estético temática de los films mencionados no asoma en ‘The Tourist’ por ningún lado. De hecho, son muchas las secuencias que parecen indicar que nos encontramos ante el trabajo de una serie de principiantes. Ver para creer.


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Las sombras de Hitchcock, Donen, y sobre todo Cary Grant, Audrey Hepburn y, en menor medida, Grace Kelly, planean sobre el film, dejando en evidencia la pobreza del material del que parte von Donnersmarck. No sé si la libertad que ha tenido el director ha sido la suficiente, imagino que ha tenido que adaptarse a las exigencias de los grandes estudios, pensando únicamente en el mercado del film. El caso es que la labor de Donnersmack raya el ridículo, con sólo una secuencia de cierto interés: la inicial. Curiosamente, el film original también tenía un comienzo atrayente e interesante en el interior de un tren. ‘The Tourist’ añade algunos elementos más, sino estaríamos hablando de una fotocopia, y el suspense planteado en sus primeros cinco minutos se desmorona drásticamente con el devenir de los acontecimientos. Lo que viene a continuación no es más que un desfile de despropósitos y en algún caso hasta puede considerarse un insulto a la inteligencia del espectador, en realidad menos tonto de lo que parece.


Pero lo más flagrante, al menos para mí, ha sido comprobar como Johnny Depp y Angelina Jolie intentan emular a las viejas estrellas antes mencionadas. El primero por atreverse con una extraña mezcla de su Jack Sparrow —muy carismático en el primer título de la saga, y literalmente insoportable en sus continuaciones— con la elegancia de Cary Grant. Depp es mucho Depp y tiene que estar verdaderamente perdido para ofrecer una interpretación mala, que no es el caso aunque su nominación a los globos de oro me parece exagerada. La segunda intenta desprender la gélida belleza de la Kelly y su forzada sonrisa emula la de la Hepburn, pero en la comparación pierde merecidamente por culpa de ofrecer un personaje al que sólo viste físicamente. Que Paul Bettany o Rufus Sewell estén totalmente desaprovechados, además de querer despistar sobre el más que previsible giro de guión final, atenúa el total desinterés con el que parece fue tomado el proyecto.


La belleza de Venecia, maravillosamente fotografiada por John Seale, y la extraordinaria banda sonora de un James Newton Howard en plena forma, son tal vez los únicos puntos destacables de una película que parece más una postal que otra cosa. Aburrida, y por momentos transmite falsas esperanzas pues da la sensación de que se va a poner interesante. Eso sí, en mi caso particular debo reconocer que en la sesión a la que fui, me lo pasé verdaderamente como un enano al presenciar cómo un jovencito que estaba sentado a mi diestra no dejaba de sorprenderse por la “originalidad” del film. El ritual de ir al cine a veces te reserva este tipo de cosas, que si la película no capta tu interés, uno siempre puede entretenerse con lo que sucede alrededor.