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Primera imagen del Capitán América, que horror!

Parece que este fin de semana va dedicado a imágenes impactantes, y si ayer os publicábamos la primera de la nueva entrega de la Saga Crepúsculo, y el nuevo traje de Andrew Gardfield para su Spiderman Reboot, hoy toca el turno para el traje que va a lucir Chris Evans como Capitán América… y ¿que me parece? voy a ser claro y conciso, una autentica mierda.


En primer lugar parece que le queda grande, y eso a un tío que tiene brazos como mis piernas, joder, es como hacerlo mal a posta, y encima que la sensación al verle con ese traje es que lleva el mítico de carnaval donde meten relleno para que de verdad parezca que tienes músculos, y no, el prota no lo necesita… encima, y para joder más, meten a esos dos malos malosos detrás, que parece que están sacados directamente del casting de G.I. Joe 2, asi que no es que lo arreglen.

Podréis pensar que bueno, puede que no me guste a mi nada más, pero es que desde que saltó a Internet esta primera imagen le están dando tortas por todos lados, a un poco que busquéis por Internet podréis encontraros con flame posts donde ponen todo a parir, pero bueno, ¿qué os parece a vosotros?


The Hand: Oliver Stone y su incursión en el horror.

“The Hand” (1981), es una cinta de terror psicológico del director Oliver Stone, la cual está protagonizada por Michael Caine y Andrea Marcovicci.


Un dibujante de comics (Michael Caine) pierde una mano en un desgraciado accidente que termina con su carrera e imprime una especial tensión en su matrimonio. Lenta y dolorosamente intenta acostumbrarse a su nueva realidad, pero una serie de extraños acontecimientos le dificultarán la tarea.



 A siete años de haber dirigido su primer largometraje (“Seizure”, 1974), y con un Oscar bajo el brazo por el guión de “Midnight Express” (1978), Oliver Stone estaba listo para probar suerte nuevamente como director, en esta ocasión con la adaptación de la novela “The Lizard´s Tail”, del escritor Marc Brandell. En dicha novela, Brandell expresaba la frustración que le había causado su divorcio, todo en clave de terror psicológico. “The Hand” se centra en Jon Lansdale, el creador de un comic relativamente exitoso al cual le gusta trabajar recluido en una tranquila casa ubicada en el campo. Si bien su familia, compuesta por su esposa Anne (Andrea Marcovicci) y su hija Lizzie (Mara Hobel), vive con él, durante el último tiempo su esposa ha estado albergando el deseo de mudarse a Nueva York para así independizarse de su marido. Como es de esperar, esto provoca una serie de fuertes discusiones entre la pareja, las cuales tienen como consecuencia un accidente automovilístico en el cual Jon pierde una de sus manos, la cual finalmente no es encontrada. Desde ese momento, la vida del protagonista cambiará drásticamente, así como también su relación con sus seres más cercanos y su percepción de la realidad.



Aunque la ya quebrantada relación con su esposa se mantiene durante un tiempo a causa del accidente, inevitablemente la unión está ligada al fracaso. En gran medida, uno de los temas centrales de la película es la lucha de poderes existente en una relación entre un hombre y una mujer. Jon es un hombre sumamente controlador, que se ha acostumbrado a tratar a su esposa como su esclava, limitándola a satisfacer sus deseos y necesidades, siempre encerrada en el hogar familiar. El protagonista es un tipo misógino que ve a las mujeres como bellos objetos a los cuales puede controlar a sus anchas. Desde un principio resulta evidente que Lansdale es un tipo ególatra, que piensa que la vida gira en torno a él y a su trabajo, dejando en segundo plano a su familia. Es tal el amor que el protagonista profesa por su trabajo, que se niega rotundamente a aceptar el suculento sueldo que le ofrece la editorial para la cual trabaja por los derechos de su personaje, aún cuando con esto puede arreglar la difícil situación económica en la que se encuentra su familia luego del accidente.



 Teniendo esto en cuenta, Stone nos plantea la siguiente pregunta: ¿Qué sucede con Jon cuando su esposa decide embarcarse en su propia aventura? Obviamente, la tensión de la pareja va en aumento, así como también va en escalada la inestabilidad emocional del protagonista. Esto no deja de ser un punto importante, ya que en cierto momento de la cinta se sugiere que la mano se mueve impulsada por la ira albergada en Jon. Es cuando este se enfrenta a situaciones estresantes, que sus deseos más oscuros salen a flote, otorgándole poder a la mano. Lo que es aún más interesante, es el hecho de que Stone juega con la posibilidad de que los sucesos paranormales no sean otra cosa más que el producto de la perturbada imaginación del protagonista, idea que refuerza filmando en blanco y negro algunas de las escenas en las que la mano entra en acción (resaltando el onirismo de la situación). Tal y como sucede en el relato de Jekyll y Hyde, “la mano” vendría a representar al alter ego del personaje de Caine, mediante el cual él realiza todos los actos que este reprime en su vida diaria.


A sabiendas que una mano asesina no es precisamente aterradora, Stone de manera inteligente la mantiene oculta durante gran parte del film, limitando su aparición a unas pocas escenas claves. De esta forma, el director no sólo impide que la historia se vuelva involuntariamente graciosa, sino que refuerza aún más la teoría de que la mano física realmente no existe, y que esta es solo una proyección mental que el protagonista utiliza para limitar sus crímenes a su subconsciente. Dicho sea de paso, las manos mecánicas utilizadas en la cinta fueron creadas por el técnico de efectos especiales italiano Carlo Rambaldi. Durante la etapa de producción de la película, comenzó a correr el rumor que de las ocho manos mecánicas que había construido el italiano, cuatro habían fallado, por lo que el director se vio en la obligación de reclutar a Stan Winston y Tom Burman. Sería el mismo Stone quien saldría al paso de dicho rumor declarando que, “hubo pocos problemas con la mecánica de las manos; era su superficie lo que requería un cuidado especial. Carlo trabajó tanto tiempo en el aspecto mecánico, que terminó dándole poca importancia al maquillaje”.



 Esta película no funcionaría de la forma en que lo hace, si no hubiese contado con Michael Caine como protagonista. Aunque el actor ha declarado en más de una ocasión que solo aceptó este papel para pagar la construcción de un garaje, su interpretación es digna de un verdadero profesional. Caine retrata de manera perfecta la evolución de su personaje, quien comienza como un tipo tranquilo aunque igualmente posesivo, para terminar convertido en un hombre completamente paranoico y amargado, que no duda en expresar el odio que siente hacia las mujeres. El resto del elenco también realiza un buen trabajo, pero sin duda es Caine quien se lleva todo el peso de la historia. Por otro lado, el film cuenta con el estupendo trabajo de fotografía de King Baggot, y la atmosférica banda sonora de James Horner. Ambos elementos son de vital importancia en una cinta que se apoya bastante en el suspenso clásico, dejando a la violencia gráfica en un segundo plano (de hecho, la escena más violenta de la película es aquella en la que el protagonista pierde su mano).


Indiscutiblemente, la efectividad de “The Hand” reposa mayormente sobre los hombros de Michael Caine, quien me atrevería a decir que da vida a uno de los villanos más memorables del cine de terror de los ochenta. La historia si bien no es del todo original, presenta un par de vueltas de tuerca que resultan ser bastante interesantes, a lo que se le suma un final que queda a la libre interpretación del espectador. En más de un sentido, esta película se asemeja bastante a la cinta de Stanley Kubrick, “The Shining” (1980). Tenemos a un padre al borde de la locura, que ha comenzado a cansarse de su vida, tiene arranques violentos en contra de su esposa, y que termina viviendo en un sitio completamente aislado. En definitiva, “The Hand” es una película injustamente subvalorada, básicamente porque se aleja bastante del resto de las obras de Oliver Stone. Sin embargo, la verdad es que estamos ante una buena cinta de terror psicológico que sin duda vale la pena revisar.


Tetsuo, The Iron Man: Delirante horror cyberpunk.

“Tetsuo: The Iron Man” (1989), es un film de terror y ciencia ficción del director Shinya Tsukamoto, el cual está protagonizado por Tomorowo Taguchi, Kei Fujiwara, y el mismo Tsukamoto.


Un extraño hombre conocido como “el fetichista del metal” (Shinya Tsukamoto), que tiene la insana costumbre de incrustarse objetos metálicos en su cuerpo, es atropellado por un automóvil a toda velocidad. A partir de ese momento, el conductor de dicho automóvil (Tomorowo Taguchi), empezará a sufrir extraños cambios en su cuerpo, el cual pronto se verá invadido por una serie de singulares protuberancias metálicas.



En la década de los ochenta, cuando la industria cinematográfica japonesa se encontraba en su punto más flojo, comenzaron a surgir una serie de jóvenes directores que habían dedicado gran parte de sus energías al rodaje de cortometrajes y al trabajo en el teatro experimental. Entre esta camada de nuevos directores se encontraba Shinya Tsukamoto, quien para su tercer trabajo tras las cámaras, decidió adaptar una obra teatral que él había desarrollado durante su época como estudiante. Dicha obra titulada “Tetsuo”, se centraba en las desventuras de un oficinista, que tras atropellar a un hombre conocido como “el fetichista del metal”, intenta deshacerse de su cadáver en el bosque. Impulsado por la excitación propia de la situación, el protagonista da rienda suelta a sus deseos más oscuros y comienza a tener sexo con su novia mientras el cadáver los observa desde el suelo. Desde aquel momento, como si de una maldición se tratase, al personaje interpretado por Taguchi no le queda más remedio que ver como su cuerpo empieza a transformarse en un montón de metal, convirtiendo su vida en un verdadero calvario del que parece no haber escapatoria.



Si ya la premisa es bastante extraña, el desarrollo de la historia lo es aún más. Tsukamoto salta de un lugar a otro de manera frenética, sin detenerse en ningún momento para explicarle lo que está sucediendo al espectador. Luego de descubrir un pedazo de metal en su rostro, el protagonista será atacado por una mujer que experimenta una mutación en su brazo cuyo origen es desconocido (aunque todo parece indicar que “el fetichista del metal” se ha albergado en su cuerpo como un organismo parásito). Tras este pesadillezco episodio, la tasa de mutación del personaje interpretado por Taguchi comienza a aumentar de manera dramática, al mismo tiempo que este experimenta una serie de episodios de alto contenido sexual con su novia (Kei Fujiwara). Ya en lo que se podría denominar como el tercer acto del relato, un irreconocible protagonista se ve enfrentado en una batalla sin cuartel con “el fetichista del metal”, cerrando con esto una historia completamente delirante, que no desea otra cosa más que reflejar la dependencia casi “castradora” del hombre con un entorno cada vez más tecnificado.



Bajo la apariencia de una cinta de horror cyberpunk, se esconde una fuerte crítica por parte de Tsukamoto a una sociedad abducida por la globalidad tecnológica. Por un lado, “el fetichista del metal” puede ser visto como el fiel representante de una sociedad que arrastra a miles de jóvenes a encerrarse en una virtualidad más satisfactoria que el mundo real. El internet y la tecnología en general, entregan diversas herramientas con las que el ser humano puede convertirse, mutar durante un periodo determinado de tiempo en alguien más, reflejando una imagen idealizada de sí mismo a todos aquellos que también están sumidos en el mundo tecnológico. Al mismo tiempo, el director propone que es inevitable que la conducta sexual y el instinto primitivo del hombre se vean potenciados por la exposición a la ya mencionada globalidad tecnológica. Es por este motivo que no resulta extraño encontrarnos con una serie de dantescas escenas de alto contenido erótico, donde el protagonista no sólo intenta tener relaciones sexuales con su novia utilizando el enorme falo-taladro que ha crecido en su cuerpo, sino que este también imagina a la mujer siendo portadora de un falo endoscópico con el cual es literalmente ultrajado.


Al igual que David Cronenberg en alguno de sus films, Tsukamoto señala al sexo como el catalizador del deterioro o las mutaciones que sufre el cuerpo de su protagonista. Si bien durante gran parte de la cinta vemos que es la mujer quien “provoca” que se aceleren los cambios en el cuerpo del protagonista, será “el fetichista del metal” quien provoque la mutación más importante en el cuerpo del personaje interpretado por Tomorowo, otorgándole un cierto tono homosexual al relato. Recién cuando estos dos hombres se han convertido en uno, fusionando por completo la carne con el metal, logran vislumbrar su verdadero objetivo; destruir un mundo que a sus ojos es completamente decadente. Más allá de los aspectos argumentales, “Tetsuo” se destaca por su impactante estilo visual, el cual amenaza con jugar con la mente del espectador. Según el mismo Tsukamoto, el film está rodado en blanco y negro para resaltar el metal que cubre el cuerpo del protagonista. Debido a que se trata de una producción de bajísimo presupuesto, el director tuvo que suplir la falta de recursos reciclando viejos televisores, de los cuales extrajo ciertos componentes electrónicos los que finalmente adaptaba al cuerpo de los actores mediante una pasta de arcilla.



De todas formas, la falta de presupuesto no evitó que el director tomara algunas decisiones artísticas bastante riesgosas, como el hecho de utilizar la técnica del stop-motion para retratar la transformación del protagonista, lo que terminó condicionando el plan de rodaje alargándolo casi dos años. Es importante mencionar que Tsukamoto no sólo se hizo cargo de los efectos especiales, sino que también se encargó de la fotografía y la edición de la cinta. De manera inteligente, el director utiliza una serie de recursos tanto de edición como de fotografía, para dotar a la película de una atmósfera pesadillezca y surrealista, donde el espectador se ve forzado a utilizar su imaginación cuando le son presentadas una serie de peculiares imágenes en rápida sucesión, dejándole muy poco tiempo para procesarlas por completo. Todo esto va acompañado por la efectiva banda sonora industrial compuesta por Chu Ishikawa. El tema de las actuaciones resulta ser bastante difícil de analizar, debido al caos reinante en la historia. De todas formas, el elenco en general realiza un buen trabajo aún cuando tienden a sobreactuar, ya que hay que considerar que los personajes responden al mundo enfermo en el que se desenvuelven.


“Tetsuo” es un film que presenta influencias tanto del cine del ya mencionado Cronenberg, como también del trabajo de directores como Sogo Ishii y David Lynch, entre otros. A ratos la historia puede ser un poco difícil de comprender, pero mediante un par de flashbacks el espectador logra entender de mejor manera que es lo que está sucediendo. Y es que más allá de la historia, lo realmente importante de esta cinta es su impresionante aspecto visual y el mensaje que subyace bajo este. Casi exenta de diálogo y con una buena cantidad de escenas eróticas y gore, “Tetsuo” se presenta como una verdadera experiencia cinematográfica que difícilmente podrá dejar indiferente al espectador. Lo increíble es que a más de veinte años de su estreno, la cinta sigue impactando y mostrándose como un producto sumamente original. Aunque obviamente es difícil recomendar esta película a todo tipo de público, de todas formas los invito a descubrir una obra que juega con los sentidos del espectador, al mismo tiempo que lo lleva a participar en una retorcida realidad cyberpunk.